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20/9/14

Mi respuesta a todo



Segunda parte de la historia Aquí_yo, Busco_Respuestas.

Capítulo 1

Me estaba preparando para salir, por fin tenía una cita con ella. La verdad, la estuve rondando creo que como un mes, hasta que logré que aceptara salir conmigo.

Algo ansiosa terminé de vestirme, me maquillé, y cuando me disponía a tomar las llaves del coche que estaban sobre la mesa de la cocina, vibró mi celular.



-Mierda, ¿Quién es ahora? – Saqué el maldito teléfono del bolsillo de mi saco y miré el mensaje de texto… - Noooo… ¡Justo ahora! ¿Por qué?
Maldiciendo agarré las llaves, y salí rápido de mi casa. Camino al hospital, mientras manejaba, como pude la llamé y le expliqué que tenía una urgencia, que si lograba zafar, la llamaba para salir un rato a tomar algo. Ella no se enojó, entendía que eso pasaba con los médicos.
De mala gana, estacioné el auto. Y vi que varios compañeros médicos y enfermeras estaban llegando. Me di cuenta que la urgencia era algo grave.
Alguien me llamó por mi nombre, me di vuelta cerrando la puerta de mi coche y era Héctor:
Héctor: - Luciana
Luciana: -¿Sabés qué ha pasado? – Le pregunté
Héctor: - Ni idea, pero parece grande – me respondió y juntos entramos al hospital.
Al entrar nos pusieron al tanto de lo sucedido. Y la cosa venía realmente complicada. En un pueblo vecino, a tan sólo diez kilómetros de la ciudad había ocurrido una tragedia. La gente de ese pueblo se encontraba festejando el aniversario del lugar, el pequeño estadio de futbol donde se realizaban los festejos estaba atestado de  gente, pues casi el pueblo completo había asistido al evento.
En lo mejor de la fiesta, se originó un incendio, con tanta mala suerte, que el fuego se propagó rápidamente y bloqueó las salidas de emergencia. El pánico de la gente, quizás hizo el resto. Por eso la tragedia era enorme, Se hablaba de más de 50 muertos y aun no habían ni llegado las ambulancias con los heridos.
Todos en el hospital, con código rojo, estábamos a la espera.

Fue una noche interminable e infernal. Demasiados pacientes con quemaduras, gente con problemas por inhalación de humo, otros con traumatismos varios, fracturas, golpes, cortes causados por haber sido pisados por quienes presos del terror sólo intentaban huir del incendio.
Yo llevaba casi medio año en el hospital. Nunca había visto tanto dolor. Pero ahí estaba, haciendo tripas corazón y tratando de curar a todos los pacientes que más podía. Pero debo admitir que cuando ingresaban los niños a todos se nos caía el alma al suelo.
Era casi mediodía, estaba exhausta, ya no me podía mantener en pie, Quería irme a casa, pero era tal el cansancio físico y mental que ni podría manejar. Así que decidí tirarme en las camas de los médicos de guardia a dormir un rato.
Al entrar, vi a Héctor dormido en una de ellas, y arriba de la litera dormía Laura. Me tiré en la otra cama libre que quedaba. Apenas caí en ella, creo que me dormí.
Charlie entró, zamarreó a Héctor, y nos despertó a todos.
Charlie: - Vamos chicos, a dormir a sus camas
Apenas lo escuchamos, Laura y yo nos despertamos. De mala gana los tres nos levantamos.
Miré el reloj, eran casi las cuatro de la tarde, había dormido algo. Aunque realmente sentía el cansancio aun en mi cuerpo.
Nos dispusimos a marcharnos los tres, pues por casualidad, teníamos todos franco ese domingo. Así que hasta el lunes a primera hora no tendríamos que volver.
Héctor: –  Creo que le daré una vuelta al niño que atendí anoche – Dijo y salió acomodándose la bata.
Laura: - ¿Vos te vas?
Luciana: – Si
Laura: – ¿Me llevás?
Luciana: – Si, dale – le respondí, y salimos juntas.
Laura vivía cerca de casa así que la acerqué con el coche. Apenas llegué, lo único que quería era meterme bajo la ducha.
Tiré mi saco y mi bata en el sofá, y me fui directo al baño quitándome la ropa por el camino. Al llegar, abrí el grifo de la ducha. Y el agua comenzó a caer.
Cuando estaba poniendo un pie bajo el agua, el condenado celular sonó….  Corrí desnuda hacia la sala, y lo saqué del bolsillo del saco. Al mirarlo reconocí su número…
Luciana: – Hola – Atendí
Lorena: – Hola ¿Cómo vas?
Luciana: – Bien, muerta y por revivir un poco bajo la ducha
Lorena: – Supe lo que pasó. ¡Qué espanto!
Luciana: – Si, muy triste. Disculpa que fallé a la cita.
Lorena: –   No, tranqui, que entiendo.
Luciana: – Te recompensaré, lo juro
Lorena: – Eso espero – dijo ella.
Hablamos unos minutos más y quedamos en cenar en su casa. Así que al cortar pensé que no todo estaba perdido y aun tenía oportunidad con ella.
Me duché, miré las noticias en la TV. Revisé mis mails, y cuando me di cuenta de la hora, corrí a mi cuarto a cambiarme, pues ya eran casi las siete y media, y a las ocho debía estar en su casa.
Llegué casi puntual. Ella me recibió con su mejor sonrisa. Y la verdad, no cenamos. Las dos teníamos hambre, pero no específicamente de comida.
Nos saludamos, y antes que terminara de decirme que en unos minutos estaría a cena lista… tuve el arrebato de tomar su rostro con mis dos manos y acercar su boca a la mía. La besé con las ganas contenidas de meses, con pasión, y ella me respondió de igual manera.  De la puerta a su cuarto dejamos regados por el piso la ropa que nos fuimos quitando. Y es que mientras la besaba, ella me quitaba el saco y lo tiraba. Caminábamos dos pasos, y yo le quitaba la camisa, y ella me acariciaba. Así sucesivamente entre besos ardientes y roces nos fuimos despojando de nuestras ropas. Hasta llegar a su cama completamente desnudas. Y ahí nos dejamos devorar por la pasión. Y nos hicimos el amor toda la noche.
Al despertar, me trajo el desayuno a la cama. Me estaba gustando mucho esta mujer, después de tantas aventuras amorosas, Lorena estaba logrando lo que muchas no habían podido…. Hacer que pensara en sentar cabeza, y dejar de andar de fiesta en fiesta.

Capítulo 2
Otro día en el trabajo, la semana comenzaba, y aun seguíamos casi con el código rojo alerta, pues continuábamos curando a los heridos más graves.
Atendí varios pacientes, que ya había visto ese sábado a la noche. A algunos les pude dar de alta, pero a otros los debí dejar hospitalizados por más días.
A la hora del almuerzo me reuní con Héctor y Laura en la cafetería del Hospital.
Laura: – ¡Qué día!, ¡por Dios!…
Luciana: – Ya se está calmando, pronto llegará la tranquilidad.
Héctor: –  Eso espero… - dijo eso y nos contó que el pequeño que había atendido él en la madrugada del domingo había fallecido esa mañana. Héctor era de los médicos que nunca expresaba mucha sensibilidad, pero cuando le tocaba atender niños, se mostraba débil.

La charla continuó mientras comíamos. Tratamos como siempre de hablar de cosas triviales, para no…. sensibilizarnos demasiado.
Héctor: –  ¿Y qué tal tu cenita de anoche?
Luciana: – eeee
Laura – Ah bien, conque cenita… ¿y con quién?
Héctor: –  Con mi hermanita
Luciana: – Todo muy bien  y para que lo sepas, espero repetir cena más seguido con tu hermana, Héctor.
Héctor: –  Me parece muy bien. Sólo recuerda, si haces llorar a mi hermanita te las verás conmigo – Me dijo riendo, pero seriamente.
Sabía que Héctor y Lorena eran inseparables y se contaban todo. Así que no me extrañaba nada que él supiera que yo había pasado la noche con su hermana.
Tal vez, si no fuera por Héctor no la hubiera conocido. Y no estaría ahora algo loca por ella.
La charla se acabó, porque debíamos volver a nuestras rondas. Así que cada cual se fue a realizar su trabajo.
Entre paciente y paciente, mi celular vibraba. Y era un mensaje de texto de Lorena: Qué si la extrañaba, qué a que hora salía. Qué si me parecía cenar juntas….
A pesar de que nunca me había gustado que me estuvieran marcando así, en esta ocasión, me estaba agradando. Y no me molestaba contestarle. Que si, te extraño. Que cerca de las ocho, que si, que ya tenía hambre…
Cerca de las ocho, cuando estaba terminando los informes médicos del día. Héctor se apareció dejando sus informes en el casillero donde se dejaban.
Héctor: –  Ya termina así nos vamos.
Luciana: – Ya aguanta, que tanto apuro….
Héctor: –  Jajaja, yo no soy el apurado, es Lorena que dice que seamos puntuales
Luciana: – Ah joder, ya me tienden una trampa
Héctor: –  Tonta, juro que cenamos y me voy y las dejo solitas.
Recuerdo que la vi saludando a Héctor en la puerta del hospital, más que saludando se estaba despidiendo. Hacia sólo un mes y medio que estaba trabajando en el hospital, y Héctor no había dejado de tirarme los perros. Yo me hacia la tonta. Y le seguía el juego.
Ese día cuando la conocí, mi Gaydar comenzó a sonar. Nunca me fallaba mi radar. Debía averiguar quien era la chica.
Una de las enfermeras que pasaba por la puerta, la saludó con la mano. Y allí me fui yo. Y le pregunté como no queriendo la cosa, que quien era la chica que estaba con Héctor. Y me dijo, “su hermana Lorena”.
“¡Oh Oh!. Así que el doctorcito coqueto tiene una hermana tan linda, ¡Por Dios!” pensé.
Dos días después, Héctor me agarró de muy mal humor, y ante su primera tirada de galgos de la mañana, en vez de seguirle el juego como siempre, sólo le respondí:
Luciana: - Es más seguro que miré a tu hermana que a vos, cariño – y me fui.
Con esa respuesta, le estaba dando a entender que era lesbiana. Pensé que su asedio acabaría, pero no fue así, continuó, pero con el paso de los días comencé a darme cuenta que era su forma de ser, y que a todas las doctoras o enfermeras les tiraba los galgos, pero sin esperar que en realidad le hicieran caso, sino que esperaba que le siguieran el juego. Era sólo diversión de parte de él
Poco a poco, Nos hicimos amigos con Héctor, y siempre estaba coqueteándome, y haciéndome reír. Él era un buen médico, uno de los mejores del hospital. Siempre dedicado a su profesión. Pero como hermano era muy celoso. Y cada insinuación mía de conocer a Lorena, no le caía muy bien que digamos y me miraba con cara de perro.
Pero hace un mes, salimos unos cuantos médicos a tomar algo a un bar, y ahí apareció Lorena. Y fue él mismo, quien me la presentó. Aunque sólo charlé con ella una par de horas, logré que se interesara en mí. Y de a poco, comencé a verla, pero siempre con Héctor en el medio.
Y hace cinco días, tomé valor y le pedí a su hermano el teléfono, Cuando me preguntó “¿para qué?”, simplemente le dije:
Luciana: - Quiero invitarla a salir. ¿Alguna objeción? – Esperando que me lo negara
Héctor: - No, ninguna – Y tomando un bolígrafo anotó en uno de sus recetarios el número.
Y ahí estamos, creo que va para largo la cosa, porque Héctor no se opone, y porque realmente me gusta mucho Lorena.

Capítulo 3
Llevo saliendo con Lorena casi tres semanas, y es su casa o la mía, pero todas las noches, las pasamos juntas, salvo que  yo esté de guardia.
Y siento que me está haciendo muy bien Lorena, a tal grado que ya ni miro chicas por ahí. Ni ando pensando en salir de casería. Sólo quiero compartir momentos con ella.
Pasé por la sala de las enfermeras para hablar con Paula. Por uno de mis pacientes. Y me encontré con tres enfermeras hablando de una parejita de lesbianas… No entendí mucho, pero al oír la palabra  “lesbianas”, me sentí perseguida y pensé que hablaban de mí y de Lorena. Puesto que parecía, que ya todo el hospital se había enterado de que yo andaba saliendo con la hermana de Héctor. Pero no se trataba de mi y Lorena. Porque cuando me vieron, no se callaron, siguieron hablando. Y ahí me enteré que Héctor tenía como paciente a una “Lesbiana”. “Por Dios, por qué tanto revuelo por la condición sexual de esa mujer”, pensé. “Era una paciente como cualquiera”. Casi pego el grito en el cielo, Pero me di cuenta que las enfermeras no estaban hablando despectivamente de la paciente, sino que expresaban lástima, por la situación en la que se encontraba.
Le di las instrucciones a Paula sin meterme en la conversación, saludé y salí de la sala de enfermeras.
Cuando me crucé con Héctor en la cafetería, le conté sobre lo que había escuchado en la sala de enfermeras.
Héctor: –  Cuando no, las chusmas hablando.
Luciana: – Cuando las escuché pensé que hablaban de mi y Lorena. Pero resultó que se referían a tu paciente.
Héctor: –  realmente no es mi paciente, la atendía el Doctor García. Pero como él ya no está, y como yo lo asistí en el tratamiento de su paciente, ahora paso a ser mía
Luciana: – ¿Es el médico que se fue a un congreso y no regresó más?
Héctor: –  Si, así es, anda de parranda aun ese imbécil
Luciana: – E¿s muy grave lo de la paciente?
Héctor: –  Si, la verdad que si. Creo que es mejor que Dios se apiade de ella y se la lleve pronto. Como médico me siento impotente al no poder hacer más nada para ayudarla.
Él le había tomado cariño a la paciente, según me contaba. Y le dolía que después de dos largos años de distintos tratamientos el cáncer hubiera ganado la batalla. Y ya era sólo cuestión de días u horas…
No estaba terminando de contarme todo, que la enfermera  lo llamó:
Enfermera: - Doctor… La paciente de la habitación 34
Héctor dejó su café a media, y salió apresurado. Por mi lado, terminé mi café, y volví a mi ronda.

Estaba firmando el alta de uno de mis pacientes, en el tercer piso del hospital; Cuando vi salir a Héctor de la habitación 34. Detrás de él salio una mujer, de casi unos cuarenta años. Y hablaron unos minutos en el pasillo. Y la mujer volvió a entrar a la habitación.
Héctor caminó y subió al ascensor.
En mi mente se quedó grabada la imagen de esa mujer, algo familiar me hacia pensar que la conocía. Pero, no le presté atención. Terminé de llenar el informe, di el alta al paciente y continúe con mi ronda.
Cuando casi estaba terminando, Héctor pasó cerca de mí en el pasillo. Y me hablo:
Héctor - No te olvides que hoy cenamos en casa
Luciana: – Si ya sé que cocinas vos… espero sepas cocinar…
Héctor: –  Cocino mejor que mi hermana
Luciana: – O sea que estas compitiendo con tu hermana, ¿me queres conquistar por el estómago?
Héctor: –  mmm ¿Qué aun tengo chances?
Luciana: – Que tonto que eres….
Y riendo siguió caminando por el pasillo, yo entré a la habitación a ver uno de mis pacientes.
Al salir de la habitación, caminé hacia el ascensor y justo pase por la habitación 34. Caminaba sin pensar, cuando volteé la mirada, la puerta estaba entreabierta y vi a la mujer que hablaba horas atrás con Héctor. Su rostro pálido se me tornó familiar. De pronto ella volteó su rostro hacia la puerta y me vio parada mirándola. Tan sólo fueron unos segundos que nuestras miradas se cruzaron. Ella bajó la mirada. Y yo seguí caminando. Pero sus ojos negros parecían haberse clavado en mi mente. ¿De dónde la conozco?....


Capítulo 4
Me fui a casa de Héctor, cenamos los tres. Y debo admitir que estuve algo distante de la charla. Pues en mi cabeza sólo me daba vuelta la imagen de esa mujer. El dolor en su mirada, su rostro pálido. Solamente la observé unos segundos y noté que era muy bella, pero también percibí el sufrimiento en su rostro.
Lorena: – Hey cariño, baja a la tierra, ¿dónde andas? – me habló tocándome la pierna.
Luciana: – Acá estoy, debo estar cansada, perdonen – les respondí a ambos.
Héctor: –  Pues es mejor que te vayas a dormir… - hizo una pausa y riendo dijo – Solita
Luciana: – Ah…
Lorena: – ¿O conmigo?
Luciana: – Descanso mejor en tus brazos amor…. – Dije esto y me abracé a Lorena y la besé.
Héctor: –  Ya, ya, no comiencen con los besuqueos…. – Dijo levantándose de la mesa.
Ayudamos a levantar la mesa, y Héctor nos corrió de su casa
Héctor: –  Ya tortolitas, vayan a dormir…
Le dimos un beso al mismo tiempo a Héctor y nos fuimos al departamento de Lorena. Sólo bajamos un piso. Ambos vivían en el mismo edificio.
Ya en el departamento de Lorena, nos besamos. Ella me llevó a su cama.
Lorena: – estas algo cansada amor – Me dijo mientras yo me sentaba en la cama y ella se subía a la misma situándose detrás de mí y comenzaba a masajear mis hombros…

 Luciana: – Creo que si cariño
Lorena: – estas muy contracturada… Te hago un masajito, te das una ducha y a la cama a dormir…
Luciana: – Lo que digas mami… - Seguí sus órdenes. Y me dejé dar un rico masaje. Me metí a la ducha con ella, nos hicimos el amor bajo la lluvia, y al volver a la cama.
Me sentía algo rara, y no sabía bien que me estaba pasando. Hasta hacia un día, me la había pasado pensando en Lorena casi todo el tiempo. Y ahora no me podía sacar de la cabeza a esa mujer.
Le di la espalda a Lorena y ella se acurrucó detrás de mí, y me abrazó.
Lorena: – Hasta mañana amor – me dijo y me besó en el cuello.
Luciana: – Hasta mañana – le respondí y llevando la mano con que me estaba abrazando hacia mi boca, le di un beso.
Y Nos dormimos, o quizás deba decir, ella se durmió, Yo sólo dormité. Sus ojos seguían en mi mente. Recordaba el momento en que nuestras miradas se cruzaron, como se me aceleró el corazón, y como ella bajó la mirada.
¿Qué sentí? No lo sé. Pero me sentí tan nerviosa. No estaba segura de nada. La cuestión que eran ya las dos de la mañana y yo seguía sin poder pegar un ojo. Lorena dormía placidamente a mi lado. Y yo por más que intentaba conciliar el sueño, no lo lograba.
Mi mente no dejaba de pensar en esa mujer. Creo que el cansancio ganó y me dormí cuando casi amanecía.
Lorena me despertó con una taza de café
Lorena: – Amor, ya, despierta que se te hará tarde….
Luciana: – ¿Qué? – Le respondí, algo dormida
Lorena: – Son casi las siete, amor…
Luciana: – Maldición – Exclamé y me levanté de un salto.
Lorena me ofreció la taza de café, mientras me ponía los pantalones, Y ella también comenzaba a vestirse. Así fue, que entre sorbo y sorbo de café nos vestimos y salimos a trabajar.

Al llegar al hospital, eran casi las ocho y diez, me crucé con Héctor.
Héctor: –  ¿Nos hemos quedado dormida parece?
Luciana: – Calla tonto, que casi no dormí….
Héctor: –  Mucho sexo será… - dijo riéndose.
Luciana: – Héctor, basta, no es eso – le contesté
Héctor - ¿Te pasa algo? – me preguntó con cara ahora si de preocupado.
Luciana: – Creo que sólo es cansancio – ¿Qué podía decirle?, que aun estando loca por su hermana había pasado la noche pensando en la mujer de su paciente.
Héctor: –  Habrá que descansar más – acotó
Luciana: – Ya, ya vamos a trabajar…
Héctor me contestó “Si, vamos” y cada cual caminó en direcciones contrarias en el pasillo.

Pasé media mañana realizando mi ronda. Y todo estaba muy calmo, así que decidí irme a la cafetería a tomarme un café. Avisé a Paula, la enfermera encargada del piso 3.
Luciana: – Paula bajo a tomar un café ¿sí?
Paula: – Vaya Doctora, cualquier cosa la llamó

Cuando entré a la cafetería la vi… sentada en la mesa que estaba al lado del ventanal. Ella miraba hacia fuera…
Me quedé inmóvil. Parada a un paso de la puerta de entrada del local. Ni entraba ni salía… Sólo inmóvil y mirándola. Apenas fue un segundo, un maldito flash-back que me llevó a verme mentalmente a mi misma sentada en la plaza de aquella,  mi ciudad natal, donde conocí a Joana. ¿Por qué ese recuerdo en ese instante? ….

Capítulo 5
Laura: – Hey… ¿Entras o qué? – Laura me trajo a la realidad. Di un paso al costado dejándola pasar. Ella entró y se sentó en la mesa de siempre. La seguí, sin dejar de mirar a esa mujer sentada al lado de la ventana.
Laura: - ¿Te pasa algo Lucy?
Luciana: -  No, no… ¿Por qué?
Laura: – estás algo rara – dijo esto y siguiendo mi mirada – estas mirando de una forma muy extraña a esa mujer
Luciana: – ¿Qué…? ¿Cómo?
Laura: – ¿La conoces?
Luciana: – No creo, su rostro se me hace familiar, no sé- le respondí
Laura: – No sabés, ¿la conocés o no?
Luciana: – Te digo que no sé, que me es familiar su rostro pero no sé si la conozco…
Laura: – Ve a hablar con ella, a lo mejor la conoces….
Luciana: – No me hagas caso, mejor voy por café – le dije y me levanté dirigiéndome a la barra a pedir café
Laura: – Tráeme uno ya que vas – me dijo Laura, y sacó un libro del bolsillo de su bata, era clásico en ella leer cuando tenia tiempo libre.
Cuando volvía a la mesa con los cafés. Héctor entró a la cafetería, nos miró y nos saludó con una mano, pero no se acercó a nuestra mesa, sino que caminó a la mesa del ventanal donde ella estaba sentada. Al llegar al lado de esa mujer, la llamó por su nombre para que esta lo mirara.
Héctor: –  Joana
Ella lo miró y le señaló la silla para que se sentara.
Luciana: – Joana dijo…
Laura: – ¿Qué dices Lucy?
Luciana: – Nada, Nada – y le di el café. Y me senté sin dejar de mirar hacia el ventanal donde Héctor hablaba con “Joana”.
“Por Dios, en ese instante, en mi mente millones de recuerdos del pasado vinieron a mí. Miré su rostro y me di cuenta que era ella. ¿Cómo había podido olvidarla? ¿Cómo no la reconocí’”  me preguntaba a mí misma.
Mi mirada seguía clavada en Héctor y Joana. Laura leía y tomaba su café. Y no me prestaba atención. Estaba metida en su libro.
De pronto, Héctor se levantó, tomó la mano de Joana, ¿Qué estaba diciéndole?, no lo sabía, pero por la forma en que le estaba hablando parecía ser algo para darle aliento.
Él se despidió de Joana y vino a nuestra mesa…
Héctor: - ¿Hey, qué cara tienes mujer?
Luciana: – ¿Cómo que cara tengo….?
Héctor: –  Si, pues, parece que has visto un fantasma…
No pude responderle, era ella. Me sentía una tonta. Y sin decir una palabra me levanté y salí de la cafetería.
Héctor: –  Lucy, ¿Dónde vas? – Me preguntaba mientras yo salía.
No sé cómo, pero caminé y caminé, no sé cuanto tiempo ni por donde, pero en un instante me percaté de estar en la azotea del hospital. Al verme sola, mis lágrimas rodaron por mis mejillas.
“Era ella… ¿Cómo pude no haberla reconocido?” Caí de rodilla al suelo. Al instante que caía, sentí unos brazos detrás de mí que me abrazaban deteniendo mi caída.
Héctor: –  Por Dios, Mujer, ¿Qué te pasa? – reconocí la voz de Héctor. Yo lloraba, él me dio la vuelta y me abrazó. – Dime qué te pasa, soy tu amigo
Luciana: – Yo… - ¿No podía contárselo o sí?, no sabía qué hacer…
Héctor: –  Soy tu amigo, déjame ayudarte – insistió. Y sin pensar más se lo conté:
Luciana: – Esa mujer…. – sollocé.
Héctor: - ¿Qué mujer?
Luciana: – Joana
Héctor: –  La esposa de mi paciente, ¿Qué hay con ella?
Luciana: – La conozco… ella fue mi primer amor…. – Lloré más. Héctor me escuchaba algo extrañado – La vi ayer, pero no la reconocí. Sólo hoy cuando te escuché decir su nombre, la recordé. No sé por qué mi mente la borro de mis recuerdos….
Héctor: –  Lucy cálmate, ¿Me estás diciendo que Joana fue tu primer amor? ¿Cuándo?
Luciana: – Cuando yo tenía 15 años…
Héctor: –  Wow, Hace siglos de eso…
Luciana: – Imbécil, hace 12 años…
Héctor: - ¿Aun la amas? – esa pregunta hizo que mi corazón latiera más acelerado. Y que sintiera más ganas de llorar
Luciana - ¿Qué?... no… - Dije. Pero el corazón me dolía. No la amaba ¿o Sí? Nunca sentí algo tan fuerte por una mujer como lo que alguna vez sentí por Joana.
Héctor: –  Ok, es tu primer amor, porque no vas y hablás con ella.

Luciana: – ¿Cómo voy a ir a hablar con ella? Me debe odiar…
Héctor: –  Si fue tu primer amor, no creo que te odie….
Luciana: – No entendés, yo la dejé por otra, la dejé sin decirle adiós, le rompí el corazón…
Héctor: –  Lucy, ya han pasado muchos años de eso. Esa mujer, está sufriendo. La mujer que ha amado durando ocho años está agonizando. Esta destrozada. Que tú la hayas dejado, seguro le dolió. Pero te debe haber superado. Que te cambien por otra se supera, pero ¿cómo superas la muerte de la persona que amas?
Luciana: – No puedo enfrentarla, tengo miedo….
Héctor: –  miedo, ¿Miedo de qué?
Luciana: – no lo sé. Me siento paralizada.
Héctor:  -  Lucy, ¿estás aun enamorada de ella?
Luciana: – No, ya te dije que no….
Héctor: -  ¿Amas a mi hermana? – esa pregunta me descolocó más aun, y me pesó… Yo quería a Lorena. Pero ¿amarla? Sabia que no….
Luciana: – Yo… Yo quiero a Lorena
Héctor: –  No te pregunté si la quieres, te pregunté si la amas – como dándose cuenta que la respuesta era negativa
Luciana: – Héctor, te juro que la quiero… pero…. – No me dejó terminar de hablar, Me soltó
Héctor: –  No juegues con mi Hermana – me dijo y se fue, dejándome sola y llorando ahí en la azotea.
Seguí llorando. Y mi cabeza estallaba en mil preguntas: “¿La olvidé?, ¿Por qué tengo tanto miedo de enfrentarme a ella? ¿Por qué siento que me odia? Oh Dios, Lorena. Ella me gusta, pero no estoy enamorada de ella. Es lo único de lo que estoy segura. Quiero a Lorena. Pero amarla, no, jamás amé a una mujer después de Joana. He querido mucho, pero amar… no…
¿Por qué no la recordé al verla? Ella no ha cambiado mucho, sigue hermosa como cuando la conocí. Si se nota su sufrimiento. Y su rostro pálido me dice que esta demasiado cansada….
¿Por qué no la recordé? Acaso no la he superado, y mi mente la bloqueó. Joana me superó, Ella ha estado con esa mujer por ocho años. Quiere decir, que me olvidó. ¿O ella al verme tampoco me reconoció?….” Continúe haciéndome mil preguntas a mi misma. No sé cuánto tiempo estuve ahí. Pero cuando baje, Paula me interceptó en el pasillo:
Paula: - Doctora su paciente…. – La escuché sin decir palabras, apenas asentí con la cabeza y me dirigí como una autómata a la habitación 39 a ver a mi paciente.

Capítulo 6
Al salir al pasillo, la volví a ver, esta vez, ella entraba al cuarto donde se encontraba su esposa. Creo que no me vio. Pero a mi se me detuvo el corazón por un segundo. El aire me faltó. Algo dentro de mí me decía que tenía que hacer algo. No podía seguir así. Caminé hacia la puerta de esa habitación. Mi mano derecha tomó el picaporte para abrirla. Pero mis músculos no respondían. Estaba ahí quieta. El valor me estaba fallando.
Por muchos años pensé en ella. En cuanto me debería odiar. En lo mucho que le había hecho daño. Y seguía ahí, parada e inmóvil. Debía pedirle perdón por haberla dejado así. Por haberme ido de su lado, sin una explicación, por haber huido de su vida como una cobarde. ¿Cómo pude irme sin decirle adiós en la cara?, ¡Qué cobarde fui!, decirle adiós en un tonto mail. Fui tan cobarde.
Era eso, fui cobarde cuando la dejé. Y ahora era una estúpida cobarde, que no podía enfrentarla y pedirle perdón.
Y continuaba inmóvil, quieta sin mover un músculo de mi cuerpo.
Pero, a veces el destino se encarga de hacer lo que uno no es capaz. Yo no tenía el valor de abrir esa maldita puerta que me separaba de ella. Y de pronto…. Ella la abrió. Solté el picaporte y me quedé mirándola.
Ella tenía los ojos llorosos. Y entre sollozos me dijo:
Joana: - ¿Qué querés?
Luciana: – Yo… Yo… - no podía articular una palabra….
Joana: – Lucy, ¿Qué querés? – Volvió a repetir su pregunta. Con voz más firme. Secando sus lágrimas con una de sus manos.
Si dijo mi nombre, es que si me había recordado…
Luciana - ¿estás bien? – atiné a preguntar.
Joana: – No, no estoy bien… - y volteó su rostro para mirar hacia la cama donde se encontraba dormida su esposa.
Luciana: - ¿Necesitas algo? ¿Puedo ayudarte en algo? – Pregunté ¡Por Dios!, ¿que estaba diciéndole?
Joana: – No creo que me puedas ayudar
Luciana: – Lo lamento, Joana yo… - No me dejó terminar, cerró la puerta. Dejándome ahí parada con unas ganas inmensas de llorar.
Como pude terminé mi turno, y me fui a mi casa. Al llegar, me duché, mezclando mis lágrimas con la lluvia que me empapaba. Al salir del baño, me envolví en mi bata. Y el timbre de la puerta sonó.
Sabía que era Lorena, debía venir a verme. En eso habíamos quedado en la mañana.
Le abrí. Tenía miedo que Héctor le hubiese dicho algo. Ella me besó y entró.
Lorena: – Hola ¿estás bien?
Luciana: – Si – pero ese si, sonó medio desganado.
Ella fue al grano, no le dio vueltas al asunto. Simplemente se paró en medio de la sala. Esperó a que yo cerrara la puerta y me habló directamente.
Lorena: – Héctor dice que estás confundida
Luciana: - ¿qué? – Lo que tanto temía. Héctor ya le había contado todo. Quizás, era mejor. Yo no quería engañar ni jugar con Lorena.
Lorena: – Lucy, dime la verdad, tu jamás me prometiste nada. Pero has actuado en estas semanas como si yo te importara…
Luciana: – Me importás
Lorena: – entonces, dime ¿qué te está pasando?
Luciana: - ¿Qué más te dijo Héctor?
Lorena: – Nada más me dijo Héctor. Él sólo me dijo que hablara contigo, que vos estabas confundida.
Le pedí que se sentara. La acompañé al sofá. Y nos sentamos una al lado de la otra. Debía decirle la verdad, se merecía saber lo que me estaba pasando. Aguantándome el llanto atragantado en mi garganta, le conté lo que había sucedido en la semana. Y lo que Joana había significado en mi vida. Y de todo el daño que le causé.
Lorena: – Pero eras una niña – me interrumpió.
Luciana: – Si, Lorena, lo sé, Pero eso no me disculpa. La herí. Fui una cobarde. La dejé por otra y ni siquiera le dije adiós en la cara.
Lorena: – ¿Has hablado con ella?
Luciana: – Realmente no…. – y le conté del encuentro en la puerta del cuarto de su esposa.
Lorena: – Luciana yo te quiero, es más, creo que me estoy enamorando de ti… Yo no quiero que juegues conmigo.
Luciana: – Lore, yo también te quiero - y me acerqué a ella y la abracé.
Ella se separó de mí, y levantándose del sofá me habló:
Lorena: –  Si estás confundida, creo que debes hablar con esa mujer. Sólo cuando estés segura de lo que sientes por mi, regresa a buscarme.

 Luciana: – Lore… - Caminó hacia la puerta y sin darse vuelta, sin mirarme…me dijo:
Lorena: – Todo está bien, al menos tuviste el valor de decirme la verdad. Y no me has mentido. – Abrió la puerta y salió por ella sin cerrarla.
No podía ir detrás de ella. Tenía razón. Debía resolver mi estúpido dilema. Saber qué diablos me estaba pasando. Y lo más importante tener el valor de enfrentarme a Joana y pedirle perdón.

Capítulo 7
Llegué al hospital decidida a hablar con ella. Tenía que pedirle perdón. No podía continuar así.
Me crucé con Héctor, quien con cara de pocos amigos me saludó de mala gana.
Inicié mi ronda en el segundo piso, haciendo tiempo para buscarla y hablar con ella. Pero la mañana se tornó pesada y no tenía respiro. Cuando por fin, logré subir al tercer piso, Paula me detuvo en el pasillo, indicándome que el paciente de la habitación 39, otra vez me requería.
Caminé hacia ese cuarto por el pasillo, y al pasar por la 34. Miré hacia la puerta que estaba abierta, dentro, ella no se encontraba y tampoco su esposa… la cama estaba vacía… un mal presentimiento me atrapó.
Di media vuelta buscando a Paula que venía detrás. Y ella como adivinando mi pregunta, por haberme visto detener frente a la puerta y mirar hacia la habitación sólo dijo:
Paula: - Murió anoche.
La noticia me cayó como balde de agua fría. Sólo podía pensar en Joana y como estaría sufriendo. El paciente del 39 gritaba llamándome, y eso crispó  más mis nervios. No sé como fui a verlo y atenderlo, y no lo empujé por la ventana. Sólo estaba molestando y quejándose todo el tiempo. Su estado no era tan grave como el de otros pacientes. Pero a ese paciente lo único que le importaba era su maldita comodidad. Entré al cuarto y hablé con el estúpido y me salí. Debía buscarla. Lo primero que pensé fue que Héctor sabría donde vivía. Pero no podía pedirle a él su dirección. Así que no me quedaba otra que ir a administración y sacar los datos de allí.
Me tomé el ascensor, y cuando salía de el, caminando hacia la oficina de administración, Héctor se me apareció por detrás llamándome:
Héctor: - Luciana, vení acá
Luciana: - ¿Qué sucede Héctor? – y volví mis pasos hacia él.
Héctor: –  ¿Ya sabes que falleció Andy anoche?
Luciana: – ¿Andy? – era la primera vez, que llamaba a la esposa de Joana por su nombre, hasta ese momento no lo sabía. - Si, perdón, acabo de enterarme.
Héctor: –  Joana está destrozada
Luciana: - Héctor, ¿sabés dónde puedo encontrarla?
Héctor: –  Supongo que ahora estará en su casa, creo que una amiga se encargaba de los preparativos del funeral
Luciana: – ¿Me dirías su dirección?
Héctor: –  Haré más que eso, te llevaré a verla.
Luciana: – ¿Me llevaras?
Héctor: –  Si, por eso te estaba buscando. Apenas termine la guardia. Iremos a su casa. Espérame en el estacionamiento en 35 minutos – No me dijo más nada, se dio la vuelta y se fue.
Subí al tercero, para terminar mi ronda rápidamente. Apenas revisé el último paciente. Le dije a Paula, que los informes los haría mañana, que debía retirarme urgentemente.

Capítulo 8
Allí estaba en el estacionamiento. Nerviosa. Esperando a Héctor. Apenas lo vi venir, caminé hacia su auto. Sin decir palabras él subió al coche, desde adentro me abrió la puerta del acompañante para que subiera. Y así lo hice.
Ya dentro, quise preguntarle ¿por qué me llevaba? Él sin quitar la vista del camino, concentrado en manejar, y como adivinando mi pensamiento me contestó:
Héctor: - No preguntés. Le tomé cariño a Andy y a Joana. Y sé que ella ahora está sufriendo mucho. Yo no sé si la amas, o no. Lo que sí sé, es que no jugaste con mi hermana. Le contaste toda la verdad. Y te lo agradezco. Si con mi hermana fuiste valiente, y con Joana una cobarde, es hora que lo enmiendes. Y la enfrentes. Algo me dice que en su sufrimiento vos tal vez, puedas ayudarla.
Luciana: – Gracias – Sólo pude decir.
Estacionó el coche frente a la casa de Joana. Ambos bajamos casi al mismo tiempo. Pero yo lo seguía cuando comenzó a cruzar la calle para llegar a la puerta de la casa. Mi corazón estaba acelerado. No sabía cómo iba a reaccionar Joana al verme ahí.
Héctor tocó el timbre, pero aunque esperamos como unos tres minutos, nadie atendió. Entonces volvió a tocar. Y a los segundos, la puerta se abrió y la vi…. Totalmente demacrada. Los ojos rojos de tanto llorar. Apenas vio a Héctor se tiro a sus brazos, y él la abrazo muy fuerte. Y mis ojos se clavaron en los suyos cuando me miro por encima del hombro de él. Sin embargo, no dijo nada. Sólo me ignoró.
Entramos a la casa.
Héctor: –  Está bien, Joana, llora, desahógate… - le decía
Joana: – Ya no creo que tenga más lágrimas para derramar… llevo dos años llorando. Se me va la vida sin ella.
Héctor: –  estoy aquí – dijo y se sentó a su lado en el sillón y la abrazó.
Joana: – Gracias por venir – le dijo sollozando.
Yo me mantuve de pie, mirándolos, callada, sin hacer ruido. Hablaron entre ellos por unos cuantos minutos como ignorándome, como si yo no estuviera ahí… Ninguno de los dos, me miró.
Hasta que de repente sin esperármelo, Héctor me nombro:
Héctor: –  Joana, disculpa que haya traído a Luciana
La miré. Esperando ver algún indicio de odio hacia mí en su mirada. Pero sólo podía ver dolor.
Joana: – Todo bien Héctor: –  le dijo mirándolo, y luego alzo la mirada hacia mí y me dirigió la palabra – Pero no sé que querés Luciana
Luciana: – Yo… - No podía decirle nada, su mirada acababa de fulminarme. Como diciendo que carajo haces aquí.
Héctor: –  Creo que quizás, deberían hablar entre ustedes. Tal vez, no es un buen momento hoy, pero mañana o pasado pueden hablar – dijo Héctor como queriendo calmar la situación.
Joana: – Si, creo que eso es mejor, otro día hablamos Luciana. Hoy no tengo ganas de sacar del baúl de los recuerdos mi pasado.
Luciana: – Lo siento Joana. No te molesto más. Te llamaré en unos días para que hablemos – dije y me salí de la casa como alma que se la lleva el diablo. Me subí al coche y ahí sentada, lloré y esperé a Héctor.

Capítulo 9
Han pasado ya dos semanas del funeral de Andy. Y aún no me he animado a llamarla. Me encuentro a cualquier minuto del día, sacando mi celular del bolsillo, marcando su número… pero no me animo a llamar. ¿Cuál es mi maldito miedo? Si ya sé que me odia. Como no odiarme, si la dejé así nomás, sin más, de un día para el otro, a través de un puto mail. No fui capaz de dar la cara y decirle adiós como se lo merecía.
Sé que aún sufre, Héctor aunque esta un poco distante de mi, sigue manteniéndome informada sobre Joana. Ella poco a poco está superando su perdida. Quizás, le cueste mucho tiempo, pero ya está aceptando que la muerte de Andy fue mejor, que seguir viéndola sufrir de la manera que estaba sufriendo. 
Yo sigo pensando en ella. Sintiéndome una hija de su buena madre por haber actuado así hace doce años atrás. No he vuelto a ver a Lorena, he tratado de no ir al bar de siempre para no toparme con ella. No niego que muchas veces la recuerdo y me pregunto si estará bien. Pero la mayor parte del tiempo mi mente esta pensando en Joana.
Y es que no he parado de recordar cada instante que viví a su lado. La primera cita en ese banco de la plaza, el café al que fuimos. La primera vez que me hizo suya. Y hasta la última vez que me hizo el amor.  Los meses de interminables charlas en el chat. Las mentiras que inventé una y mil veces para salir a verla a escondidas… No he dejado de pensar en ella. Y en todo el dolor que debí causarle cuando la dejé.
Sigo tratando de que el trabajo me tapé, me pase por encima para no tener un minuto libre para pensar en ella. Pero a la vez, quiero una maldita hora tranquila para ir a verla. Pero me faltan las agallas.

La vida continúa no cabe duda. Pero a veces, siento que me he estacando. Y que no saldré adelante si no hablo con ella, sino le pido perdón. Desde que volvió a aparecer en mi vida, me he dado cuenta que me he pasado los años guardando su recuerdo intacto en la memoria. Que quizás, cuando no la reconocí, mi corazón tuvo la culpa. Porque sabía que sufriría. Sabía muy bien que cuando mi mente abriera las puertas del recuerdo ya no las podría cerrar jamás.
Doce largos años viví sin ella, pensando que sólo había sido la primera mujer en mi vida, dándole la importancia que merecía claro esta. Pero nunca pensando en el daño que le causé por mi estúpida inmadurez.
Doce malditos años, yendo de mujer en mujer, siempre queriendo, pero jamás amando realmente a ninguna. Ahora me doy cuenta que nunca pude amar a ninguna, porque siempre las comparé a ella. Que tonta imbécil he sido todos estos años.
Yo le hice daño, y el destino ahora le paga de esta manera, quitándole la mujer que ama. No puedo imaginarme cuanto debe estar sufriendo. Quizás, Andy le duela más que yo. Eso es más que seguro. Pero yo debo enfrentarla. Sólo pidiéndole perdón, aunque sepa que nunca me perdonara. Aunque sepa que me este odiando aun. Podré seguir adelante.  Necesito pedirle perdón. Decirle que jamás la he olvidado. Que fui una niña idiota que dejó escapar el verdadero amor.

Capítulo 10
Anoche salí al bar, Laura y Charlie insistieron. Y creí que era tiempo de sacar la cabeza del agujero en que la había metido. Por supuesto que al entrar al lugar me encontré con Héctor. Y cuando menos lo pensaba, apareció Lorena.  Tres semanas o más sin verla. Sigue tan hermosa como siempre. Se acercó a mí.
Lorena: – Espero que te encuentres bien – me dijo al oído
Luciana: – Si lo estoy – le respondí
Lorena: – Entonces dile a tu cara que debe sonreír, si de verdad estás bien.
Luciana: – Ojala fuera tan fácil encontrar la sonrisa que perdí.
Lorena: – Yo sé que la encontraras. – me dijo que se encontraba bien, y que estaba conociendo a una chica. Creo que sentí celos, pero, la verdad, algo dentro me decía “Alégrate idiota, no se ha quedado a esperarte como una boba”. Charlamos unos minutos nada más. Pero me hizo bien saber que seguía con su vida. Y cuando esa chica de la que me habló entró al bar. Se despidió de mí con un beso en la mejilla y se fue a su encuentro. Y sentí  mi cara queriendo sonreír.
Pasé la noche bebiendo y charlando en la mesa de aquel bar con Laura y Charlie, y de vez en cuando Héctor se acercaba. Creo que necesitaba ver a Lorena y no me había dado cuenta de eso. Tenia que verla para saber que ella podía continuar. Y que yo también podía seguir mi vida normal, si me dejaba de cobardías tontas y la enfrentaba.
Así que esa mañana apenas me levanté me dije “Hoy es el día”. Fui a trabajar y me la pasé pensando en que le diría. Haciéndome un discurso mental de lo que podía llegar a decirle. Pero hoy era el día, no podía dejar pasar más tiempo…
Me dediqué a realizar mi ronda, estaba algo emocionada por volver a verla y a la vez, muy nerviosa pero estaba decidida. Iría a verla a su casa apenas terminara mi guardia. No la llamaría, caería de sorpresa. No quería que se negara a verme ni a escucharme.
Estacioné el auto frente a su casa. No podía echarme atrás. Ya estaba ahí. Bajé del coche, crucé la calle con paso firme hacia la puerta de su casa. Al llegar, respiré hondo y toque el timbre. Parecieron una eternidad esos segundos de espera….  Y ella abrió la puerta….

Capítulo 11
Estaba realmente hermosa. Su semblante ya no era el mismo que recordaba de la última vez que la vi.
Joana: - ¡Hola! – me dijo algo sorprendida
Luciana: - ¡Hola!, Disculpa que haya venido sin llamar… yo…
Joana: – Que vas a decir… Pasaba por el barrio, vi luz y te toqué el timbre – Me sonreí, Otra vez era la mujer que yo conocía, con ese humor a flor de piel.
Luciana: – La verdad, llevo más de una semana pensando en una excusa y esa no se me ocurrió.

Joana: – Pasa – Dijo sonriendo. Esa sonrisa  desarmé todo en mi interior. Entré y ella cerré la puerta. Y cuando se dio vuelta para mirarme dijo – No sé qué quieres hablar conmigo después de tantos años.
Luciana: – Yo, realmente lo que quiero es pedirte perdón – lo dije sin preámbulos.
Joana: - ¿Perdón?  - dijo con una sonrisa algo sarcástica…
Luciana: – Fui una niña estúpida que se alejo de tu vida de la forma más cobarde.
Su sonrisa se borró de su cara, y me habló seriamente….
Joana: – No fuiste una cobarde, sólo eras una niña inmadura que no sabía nada de la vida. Que no había vivido nada aún – Dijo esto y me señalo el sillón, invitándome a sentarme.
Luciana: – Pero tú me odias porque te dejé por otra
Joana: – ¿Dónde carajo sacaste que yo te odio…? Te estas haciendo la cabeza… Jamás podría odiarte Lucy. No has madurado nada me parece. No te das cuenta de nada. – Me miró y se acercó más a mi para continuar hablándome – Eras una niña inmadura. No teníamos ninguna posibilidad de futuro juntas. Yo lo sabía. Sabía muy bien que te irías un día de mi lado. Mierda, ya lo dice ese puto dicho “El que se acuesta con niños amanece bien cagado” – sonrió y continúo – Lucy, lo tenía todo muy claro. Tú me ibas a dejar. Está bien que no me esperaba que me dejaras a través de un estúpido mail sin siquiera darme un explicación. Pero sabía que me dejarías. Tú tenías que vivir, llorar, amar a otras mujeres, debías recorrer más caminos en tu vida… para madurar….
Luciana: – Yo jamás amé a nadie después de ti
Ella me miró a los ojos, sentí que todo podría desaparecer, y no me importaría un comino si tan sólo me siguiera mirando de esa forma.

Joana: - ¿Querés un café? – Dijo, levantándose del sofá y caminando hacia la cocina. Me paré y la seguí. Me quedé en silencio mirándola preparar el café.
Luciana: – De veras, ¿No me odiaste?
Joana: – No, me rompiste el corazón. Pero no te odié. Me odié a mi misma por haberte dejado entrar en mi vida sabiendo muy bien que la que terminaría llorando sería yo.
Luciana: – Perdóname – Se lo pedí acercándome a ella y tomando su mano libre. Ella dejó la taza de café sobre la mesa. Y me miró, y se soltó de mi mano.
Joana: – No tengo nada que perdonarte. Yo fui la culpable de todo el dolor que sentí. Yo era consciente de lo que iba a pasarme.
Luciana: – No debí dejarte
Joana: – Estás loca, era tu destino dejarme. Debías vivir tu propia vida.
Tomamos el café sentadas en los sillones de la sala. Quería preguntarle sobre Andy, sentía curiosidad por saber como se enamoró de ella. Y supongo que no lo pensé mucho y le tiré la pregunta:
Luciana: - ¿Fuiste feliz con Andy? – Apenas pregunté baje la mirada y me disculpe – Perdón, no debí hablar de ella.
Joana: - ¿por qué no? Fue mi esposa.
Luciana: – Debes extrañarla mucho
Joana: – Si, pase doce años viviendo a su lado. Por supuesto que la extraño, cada rincón de esta casa guarda mil recuerdos de ella.
Luciana: – ¿Doce años?, creí que eran ocho
Joana: – Es una larga historia…
Luciana: – No tengo nada que hacer, puedo escuchar…

Joana: – Cuando tú me dejaste. Me quise morir. Y ella, era mi mejor amiga. Hacia un par de meses que se había venido a esta ciudad a vivir. Ya que sus padres habían muerto y le dejaron como herencia su casa y un vivero. Al verme tan mal, me dijo que me fuera con ella, que quizás cambiar de aire, de ciudad, podría ayudarme a olvidarte… - respiró hondo, tomó un sorbo de su café - Y así lo hice. Me vine a esta casa a vivir con ella. – Sus ojos querían llorar – ella siempre me amó. Pero yo la quería como a una amiga, y ella lo sabía. Me establecí en esta ciudad, me hice su socia en el vivero. Y poco a poco, fui saliendo de mi dolor.  Cada una hacia su vida. Pero vivíamos en la misma casa como amigas.
Pasaron cuatro años y una noche nos emborrachamos. Y terminé en su cama. Al día siguiente me arrepentí de lo sucedido, claro está. Quería irme, no quería hacerle daño. Pero me convenció que olvidáramos lo que había pasado. Que siguiéramos como antes. Que sólo había sido una noche de borrachera. Jamás lo olvidamos, pero seguimos amigas como siempre – bebió lo último de su café, yo la escuchaba sin hablar – Y pasaron los años, y un día la miré a los ojos, y me dejé amar por ella y me fui enamorando.
Para ella lo nuestro comenzó aquella noche de borrachera. Por eso siempre decía que llevábamos de pareja ocho años. Pero en realidad, apenas fueron unos tres cortos años. Siempre estuve con ella. Pero amarla, los últimos años de su vida – una lágrima comenzó a rodar por su mejilla. Me acerqué y con mi dedo índice la sequé – Pude haberla amado más, pero me había jurado no amar jamás. Y me perdí la oportunidad de hacerla completamente feliz – Ahora si lloraba.
No sé cuánto tiempo estuvimos hablando, quedamos en vernos alguna vez para tomar un café. y ya entrada la noche, me despedí con un beso en la mejilla……




Capítulo 12
Hace dos meses ya de nuestra charla, le he llamado muchas veces, siempre poniendo la excusa de que llamo para saber cómo anda, como está. Pero nunca me atrevo a pedirle que nos veamos.
Sé que volvió a trabajar en el vivero. Y que ya se encuentra mejor, que está llevando su duelo bien.
Héctor ya volvió a ser el mismo conmigo.  Lorena sale con aquella chica con que la vi en el bar. Y parece que están muy enamoradas. Las he visto un par de veces, y me alegra ver a Lorena feliz.
Yo no he parado ni un momento de trabajar, me agarré todas las guardias habidas y por haber. Creo que buscaba cansar mi cuerpo para caer rendida a la cama y así no pensar en ella, y no tener que pasarme las noches en vela con su recuerdo en mi cabeza.
Me he dado cuenta que en todos estos años no la superé. Nunca la olvidé. Y es que nunca dejé de amarla. Sólo me mentí a mi misma. Y el miedo que me asedio apenas volví a verla, era mi propia culpa, simplemente por haberla dejado, por no haberme dado cuenta de que un día me iba a arrepentir. Y ahora estoy pensando en como volver a su vida. Como lograr acercarme a ella de cualquier manera. Aún la amo. Quizás no pueda volverla a conquistar. Pero quisiera estar cerca de ella.
Laura me confesó que ha estado enamorada de Héctor desde que lo conoció. Pero ella es muy tímida. Y él nunca, creo que se haya fijado en ella. Es más jamás lo vi tirarle los galgos como lo hace él con todas las mujeres del hospital. Y no sé que decirle a Laura. Y no sé si jugar a hacer de celestina y ver si Héctor puede fijarse en ella.
Aunque quizás juegue de celestina. ¿Por qué no?...
Mañana tal vez, invente algo para que se vean… Hoy debo llamar a Joana. 
Luciana: – Hola, ¿qué hacés está noche?
Joana: – Hola, ¿qué directa que sos… siempre eres así con todas las mujeres?
Luciana: – Ah…
Joana: – Nada… No hago nada esta noche. ¿Por qué?
Luciana: – Digo, por si quería ir a tomar un café por ahí….
Joana: – Mientras que el por ahí, sea un lugar tranquilo y no un antro de perdición. Puede ser que me de ganas de salir…
Luciana: – Pues, yo invito, pero tu elijes ese lugar tranquilo, porque la verdad, sólo conozco antros de mala muerte…. Jajaja – Reímos las dos… y quedamos en que la pasaría a buscar a las 22 horas.
Terminé mi guardia como a las ocho y media, y me fui a las apuradas a casa para bañarme y cambiarme. Cuando sólo faltaban unos 15 minutos para las diez, salí de casa. Estaba totalmente nerviosa. Como si fuera mi primera cita con una mujer. En ese instante recordé cuando corría al lugar donde nos veríamos por primera vez. Me sudaron las manos, sentí aquella emoción desenfrenada, ese deseo de verla. Y es que la amo. Y no puedo dejar de hacerlo.

Capítulo 13
Toqué el timbre, las manos me sudaban. Estaba muy nerviosa. Cuando ella abrió la puerta… salió con una hermosa sonrisa. Yo sólo atine a contener la respiración y a saludarla:
Luciana: – Hola ¿Lista?
Joana: – Buenas noches, si ya estoy lista.
Luciana: – Entonces, vamos
Joana cerró la puerta con llaves. Yo la espere, y las dos caminando una al lado de la otra sin hablar fuimos hacia mi auto. Al llegar. Le hice una reverencia con la mano y le abrí la puerta para que subiera. Ella sonrío. Diciendo “Gracias”. Rodee el coche y me subí.
Cuando tome la llave para encender el motor, ella me hablo:
Joana: – Creí que ya no quedaban “Caballeras” que le abrieran la puerta a una dama en la actualidad
Luciana: – Caba… ¿Qué? – Me reí y encendí el motor.
Joana: – Jajaja
Luciana: – Me sonó a caballa
Joana: - Tonta
Luciana: – Yaaa, ¿Y sabés a dónde vamos?
Joana: -  Si, por supuesto. Hoy yo seré tu GPS. Así que estoy recalculando…. Ya ponte en marcha que te guío con mi voz sexy – Nos reímos las dos, y arranqué en coche.
Me guío durante todo el trayecto hacia una pequeña confitería ubicada en el centro mismo de la ciudad. No puedo creer que no la conociera. Nunca había pasado por el lugar.
Entramos al local, era bastante pequeño, acogedor, muy romántico, con luces tenues, en el lugar había poca gente, en su mayoría eran parejas.
Yo la seguía. Ella eligió una mesa, bien al fondo del local. Donde casi nadie podía vernos. No puede evitar recordar como en un flash-back mi mente voló doce años atrás, a nuestra primera cita, cuando después de vernos en la plaza, fuimos a un bar, y nos sentamos a tomar un café en la mesa más escondida del lugar. Tal vez, esta era nuestra primera cita de nuevo.
Nos sentamos, y el mozo se acercó, le pedimos dos cafés, y nos volcamos a charlar. Reímos todo el tiempo. Me sentía nerviosa pero a la vez, segura de mi misma, y de lo que quería y deseaba. Y yo quería volver a reconquistarla. Fue una larga charla, nos contamos mutuamente cosas de nuestras vidas, reímos, como amaba su sonrisa, y ese humor suyo que hacía que riera a carcajadas.

Creo que las horas volaron, pasada la medianoche, decidió que era hora de irnos y me dijo que la llevara a su casa, excusándose por no poder trasnochar tanto, pues al otro día ella debía trabajar.
No quería apurarme, no ser arrebatada y tonta. Sabía que si quería volver a reconquistarla debía ir despacio. Y sobre todo debía respetar el recuerdo de Andy. Así que sólo insinúe volver a salir, esta vez a cenar o al cine. Y ella sonriendo, pero esquivándome la mirada me respondió:
Joana: – Quizás, creo que me deberás llamar, para así corroborar en mi agenda si tengo algún día libre.
Detuve el auto frente a su casa. Ella abrió la puerta para bajarse. Y cuando nos despedimos y ambas al mismo tiempo fuimos a darnos un beso en la mejilla. Moví intencionalmente mi rostro. Y termino dándome un beso de un segundo en los labios.  Automáticamente alejó su cara, y se bajo del auto. Se dio la vuelta y cuando estaba cerrando la puerta del coche me dijo: “tramposa”.
Yo reí, y la vi alejarse camino hacia la puerta de su casa, mientras caminaba agitaba una de sus manos diciéndome adiós.
Esperé que llegara a la puerta, que la abriera y que entrara. Y cuando lo hizo, recién ahí puse en marcha el motor y me fui.

Capítulo 14
Llevó casi tres meses saliendo por así decir con Joana. Aun sigo intentando enamorarla nuevamente. Sé que siente algo por mí, Sino, no me daría tantas citas. Que si a cenar, que si al cine, que hagamos un picnic, que esta noche mejor ir a bailar. La cuestión, que una vez a la semana ahí estoy yo llamándola para salir.
Tres meses frenando mil impulsos y arrebatos locos de querer comérmela a besos. Pero siempre buscando la forma de sentirla cerca… que rozando mi mano con la suya como descuido. O sin darme cuenta O haciendo que mi beso en su mejilla siempre dure más de unos segundos. O jugarme y besar la comisura de sus labios como por descuido. Pero no he hecho ninguna trampa.
Y es que he vuelto a sentir aquellas mariposas de mi adolescencia revoloteando de nuevo en mí.
Esta noche iré a cenar a su casa. Esta vez, fue ella quien llamó invitándome a cenar. Creo que es una buena señal. Voy por buen camino. Y me siento muy segura de mis sentimientos.

… Apenas llegué a su casa, me encontré con la mesa ya puesta. La cena fue tranquila, hablamos muchos, y su pollo a la sal con papas noise estuvo exquisito. Cuando pensé en pedirle un café. Ella se levantó y fue a la heladera… sacó un pote de un kilo de helado de chocolate y vainilla. Me miró sonriendo y lo dejo en la mesa. Se fue a la sala y volvió con una botella de whisky.
Joana: – ¿Don Pedro te va como postre? – me preguntó
Luciana: – Don Pedro siiiiiii, sabes que me encanta el helado con whisky.
Nos fuimos a la sala, puso música y nos sentamos a comer el helado y a charlar… del sillón de tanto reírnos, la verdad, no se de que, terminamos tiradas en el suelo… y ahí terminamos de comernos el kilo de helado…. Y el whisky comenzaba a hacer efecto….
Me levanté como pude, no es que estuviera mareada, pero si ya me dolía un poco el estomago de tanto helado… y caminé al equipo de música….
Luciana: – ¿A ver que tienes para escuchar? – dije mirando su colección de CD en una estantería sobre el equipo de música. Ella no me respondió nada. Me di vuelta y la vi mirándome fijamente. Tuve el impulso de correr a sus brazos y besarla. Pero, sin cambiar de música…. Caminé hacia ella. Me detuve a unos dos pasos de ella. Se levantó del suelo y se quedó parada frente a mi, seguía mirándome, como diciéndome “te animás o no”.
Su mano rozo mi mano… y mi cuerpo dio dos pasos quedando casi pegado al suyo. Sin dejar de mirarla a los ojos, acaricie su mejilla, y su pelo. Me acerqué más y mi boca la besó. Y sus labios respondieron….  Y ese beso tan tierno pronto fue tomando mayor intensidad hasta volverse un beso apasionado. Nos besamos por un buen rato en la sala. Y poco a poco me fue llevando a su cuarto.  Y en la misma cama que alguna vez amara a Andy, me amó a mí. Y me demostró que siempre me había amado y que nunca me olvidó.
Me enamoré de ella una y mil veces con cada besos que nos dimos, con cada caricia y roce de nuestros cuerpos…. Hacer el amor con ella fue lo más maravilloso del mundo. Fue sentir que era ella lo que más me importaba en la vida.

… Hoy se cumple un año de la muerte de Andy. Vamos camino al cementerio a llevarle flores. El recuerdo de ella siempre vivirá en Joana. Pero no le tengo miedo a eso. Ya no tengo miedo a nada. Por qué sé que Joana me ama, siempre me amo. Ayer me mude a su casa. Aun se ríe de mi tonto Nick del chat, por el cual me conoció. Y yo le digo…. “Aquí_Yo_Busco_Respuestas despertará a tu lado cada mañana, amándote…. Porque tu eres mi respuesta a todo…”

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