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13/9/14

Siete en Matemáticas, Diez en la cama


Tenía como 15 años, las matemáticas me traían muy mal, los exámenes se acercaban y yo resignada iba al bochazo. Los chicos rondaban a mí alrededor, pero mi interés estaba en las chicas.
Mi profesora muy atenta (fuera del arquetipo de las profesoras de matemáticas... viejas, solteronas, histéricas y de un carácter de mierda), se ofreció a dar clases de consulta fuera del horario escolar y en su casa, a todo el curso, ya que se acercaban los exámenes.
Creo que no lo pensé mucho, no quería pasarme el resto del año estudiando y después llevármela a marzo y terminar el verano con números y libros, en vez de vacaciones. Cuando el timbre del recreo concluyó su clase, me acerqué y le pregunté cuando podía ir a su casa para que me explicará los simples problemas que ella nos daba y que a  mí no me entraban en la cabeza, tal vez, por volar todo la hora en clase.
         Ninguno de mis compañeros quiso ir a clase de consulta, todos se rieron cuando se los  dije. 
-"No seas oreja con la solterona.".- Me dijeron todos.
Pero creo que yo quería ir, creo que las matemáticas no me importaban, creo que quería verla en otro entorno que no fuera el colegio o el aula de clase.
Y al sábado siguiente, ya estaba tocando el timbre de su casa. Cuando la puerta se abrió, mi profe con una remerita y un vaquero ajustado me saludó con una sonrisa de oreja a oreja. Por Dios, nunca la había visto vestida así. A pesar de sus 35 años, era una mujer hermosa, extremadamente bella.
-"Pasa querida".
Nos sentamos a la mesa de su comedor, una al lado de la otra, mis piernas rozaban sin querer las suyas, pero ella no se movía. Seguía explicándome. No me sacaba la mirada de encima. Sus ojos celestes brillaban más que nunca, su pelo rubio suelto, nunca la había visto así tan bella, la hacía más joven. Hablaba y yo asentía con mi cabeza como si entendiera todo lo que ella decía, pero yo no tenía ni la menor idea de lo que me estaba diciendo. Yo sólo podía mirarla y pensar en lo bonita que se veía.
De pronto su mano en mi pierna me hizo bajar a la tierra.
- ¿Pasa algo querida?. - su voz fue tan dulce.
- No - No podía decirle que con su mano en mi pierna mis hormonas se habían alterado como nunca antes las había sentido.
- Estás nerviosa, tiemblas como una hoja-
- "Yooo..."- No podía articular palabra, creo que sólo deseaba besarla. Sentía mi cuerpo caliente.
Tiernamente me acarició la mejilla. Y se acercó más a mí. Yo no me moví. Me tomó el rostro con sus dos manos y me besó tan suavemente.  Sus labios me quemaron la boca. Por Dios, su lengua entró en mi boca y se apoderó  de mí. Una extraña y rara sensación en la boca del estómago me estremeció. Al dejar de besarme me miró...
- ¿Ya no estás nerviosa?- Preguntó, con una sonrisa pícara
- Creo que ahora estoy más nerviosa que nunca- Dije sonrojándome.
Sus manos seguían sobre mí. Lentamente las llevó a mis pechos, y con sus dedos dibujaba círculos hasta llegar a mis pezones. Los que comenzaron a endurecerse. Por supuesto, ella notó esto, se sonrió y me besó.
Yo quería más, pero mi inexperiencia me tenía quieta gozando de sus besos y de sus manos.
Su mano debajo de  mi remera, sacó desde el fondo de mi pecho un suspiro.
- ¿Te gusta?- Preguntó,  mirándola asentí con la cabeza. Con su otra mano tomó la mía y la llevó bajo su remera ajustada. Y sentí sus tetas de mujer madura, bien formadas, redondas, su pezón erecto me enloqueció. Hice lo que ella me hacía.
- Aprendes rápido- Dijo,  sonreí y la besé.
De pronto sin pensar en lo que sucedía ya estábamos en su cuarto y ella me besaba toda, me acariciaba y me quitaba tan lentamente la ropa que parecía que nunca terminaría de desnudarme. Me estaba enseñando algo que nunca creí poder aprender de ella. Y yo tenía que ser una buena alumna. Todo lo que ella me enseñaba yo debía hacérselo. Era el examen. Así que ahí estaba yo besándola, acariciándola y desvistiéndola.
Cuando su mano llega a mi entrepierna, sus dedos se apoderaron de mi sexo..., me humedecí inmediatamente. Tímidamente acerqué mi mano a su sexo, suave, húmeda... Me miró diciendo: - "Así, así tócame así"-.
Entre besos, caricias me entregué a mi profesora de matemática. 
Acostada boca arriba se subió encima de mí... comenzó besándome y sus besos fueron bajando por mi cuello, mis pechos, su lengua jugaba con mis pezones. Y seguía bajando, besaba mi estómago y con su lengua jugaba con mi ombligo y yo ardía. Jamás había imaginado que podía ser tan sensacional sentir el cuerpo de otra mujer contra el mío.
Cuando su boca llegó a mi ingle... levantó la cabeza y me dijo: - "¿Quieres, verdad, qué quieres?"-.  Mirándola y jadeando, me faltaba el aire y deseaba sentir su boca en mi concha, quería su lengua jugando con mi vulva.
Su lengua entró en mi sexo y yo comencé a sentir un calor que me quemó toda. No quería que se detuviera... mi respiración se aceleró. El aire se me hacia pesado... mi primer orgasmo comenzaba a sentirse y era maravilloso.  
La experiencia no terminaba con mi primer orgasmo, su examen seguía y yo debía hacerla sentir tanto como ella lo había hecho conmigo. Torpemente, tímidamente, mi boca recorrió su cuerpo, mi boca jugó con sus partes privadas... y me enloquecí comiéndome su sexo. Sus jadeos y su voz diciéndome... "Dame más, más" me aprobaban.
Terminé el año yendo a sus clases de consulta en su casa, pasando sólo media hora de estudio y de dos a tres horas haciendo el amor en su cama.
 No me regaló ninguna nota en la escuela, tuve que estudiar matemáticas... y no me importó sacarme en todos los exámenes de matemáticas, 7  porque yo al final del año  ya había obtenido mi 10 en su cama. 

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