Tenía como 15 años, las matemáticas me traían muy mal, los exámenes se acercaban y yo resignada iba al bochazo. Los chicos rondaban a mí alrededor, pero mi interés estaba en las chicas.
Mi profesora muy atenta (fuera del arquetipo de las profesoras de matemáticas... viejas, solteronas, histéricas y de un carácter de mierda), se ofreció a dar clases de consulta fuera del horario escolar y en su casa, a todo el curso, ya que se acercaban los exámenes.
