Siempre fui demasiado impulsiva y rebelde. Y a mis 16
años... creía que podía llevarme el mundo por delante. Pero la rebeldía tenía
un límite. Mi miedo. Mis padres ya no sabían cómo controlarme. No tenía
riendas. Bajas calificaciones en el colegio. Demasiados novios. Era una de las
chicas más popular del colegio.
Para mis
16 años, ya había besado más de 30 chicos. Sin embargo no había llegado nunca a
acostarme con alguno. Podía transar con ellos. Pero cuando la situación podía
irse de mis manos, me las arreglaba para huir. Aunque ya tenía fama de chica
fácil entre los chicos.
Demasiados
chicos detrás de mí. Pero sólo era una pantalla el hecho de seducirlos, de
tenerlos detrás de mí. Era otra mi verdad. Una que mi rebeldía aún no se
animaba a mostrar.
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